Aunque no es tan famoso como otros diseñadores, quienes han dejado su estampa con alguna creación, Paul Poiret logró revolucionar el mundo de la moda con propuestas que en un principio alivianaron el andar de la mujer.
El año pasado una exposición destinada a su obra lo rescató del olvido para poner en evidencia el gran aporte que hizo en el universo fashion. Uno de sus grandes logros fue liberar a la figura femenina del estrecho corsé. Desde ahí sus creaciones fueron en pos de la comodidad de las damas.
Fue, en definitiva, el artífice de la figura de la mujer moderna, en la que predominaban los vestidos simples, de líneas fluidas, y a la vez elegantes. Además, según los expertos, fue un precursor del art deco.
En su mejor momento compró un hotel en París, adonde se dedicó a hacer fastuosas fiestas, también escandalosas, que eran un acontecimiento en la ciudad de la luz de entonces; entre todas ellas, una de las más célebres fue la que llamó “Las Mil y una Noches”, que quedó como un hito.
Poiret nació el 8 de abril de 1879, en el seno de una familia humilde, siendo hijo de comerciantes de telas, que tenían su negocio en el barrio de Les Halles (París). Aunque desde pequeño demostró un interés por la moda, fue obligado por su padre a terminar sus estudios secundarios y, una vez terminada su formación, a trabajar como cadete en el taller de un paragüero.
Ya por ese entonces hacía sus propias creaciones con retales de seda que tomaba de aquel lugar. Después, en 1896, debido a su habilidad para el dibujo consiguió un puesto en el taller del célebre modisto Jacques Doucet, con quien no sólo aprendió mucho sobre costura, sino también a saber manejarse en este negocio. En 1901 pasó a desempeñarse en Worth, el taller más importante del momento; hasta que dos años después, tras la desaparición de éste, estableció su propia casa de moda, ayudado por Doucet.
En poco tiempo logró éxito con sus diseños, lo cual tuvo que ver con quién fue su primera clienta, la actriz Réjane, quien lucía sus creaciones, logrando una gran publicidad para Paul. En sólo tres años este modisto se convirtió en toda una celebridad, sobre todo de París, y las fiestas que hacía ayudaron en la propagación de su nombre.
Para 1906 ya había creado los vestidos amplios, sin corsé ni enaguas, a lo que después le sumó la falda estrecha (en 1910, que no tuvo éxito entre el público femenino debido a que hacía bastante difícil el caminar).
En 1909 dio a conocer los diseños inspirados en la vestimenta oriental, los cuales iban desde túnicas, vestidos vaporosos, faldas ‘sultana’ hasta los mantos con borlas y flecos de perlas. Se trataba de una ropa en la cual la sofisticación estaba presente, así como los colores, en los estampados y los bordados, las puntillas de oro y plata, perlas, plumas, pieles y las joyas.
Esta nueva moda tuvo su fuente de inspiración en los Ballets Rusos -de Sergei Pavlovich Diáguilev-, que habían llegado a la capital francesa y que además dejaron su huella en todo el estilo de la época. Poiret también contribuyó con caftanes, quimonos, pantalones bombachos.
No obstante, con el tiempo su estilo se volvió más ordinario para la época, al hacer escotes cada vez más profundos y faldas más estrechas. Además, cuando presentó su falda pantalón, en 1911, generó un gran escándalo e incluso fue condenado por Pío X. Ese mismo año fundó el Atelier Martine, una academia de diseño de moda y mobiliario.
Otro de los grandes aciertos de este francés, algo que después copiaron todos los creativos de la moda, fue el haber sido el primer modisto en lanzar su propio perfume, que llamó Les perfums de Rosine (en honor a su hija mayor de quien usó el nombre). También en ese tiempo publicó su segundo libro, “Les choses de Poiret” (el primero, “Les robes de Paul Poiret”, se publicó en 1908).
Entre 1910 y 1913 presentó sus colecciones en Alemania, Rusia y Estados Unidos, las cuales tuvieron mucho éxito. En 1914 estableció el Syndicat de Défense de la Grande Couture Française, para proteger las creaciones originales, ya que había comprobado, en varios de sus viajes, que muchos de sus diseños habían sido copiados.
Además Poiret, no sólo se dedicó al diseño de modas, sino que también se encargó de vender complementos, elementos de interiorismo y por su puesto sus perfume. Cuando se desató la Primera Guerra Mundial, cerró su estudio, y al finalizar ésta lo volvió a abrir, pero el éxito ya no estaba de su lado. Era el momento de despegue de la genial Coco Chanel.
En los años veinte su situación económica y de popularidad comenzó a decaer, por lo que en 1925 vendió su firma y en apenas un año conoció la ruina. La casa cerró de forma definitiva en 1929. Paul Pioret murió en 1944, enfermo de Parkinson, sumido en la pobreza y olvidado dentro del ámbito fashion.
En 1930 escribió su último libro, llamado “En habillant l’epoque”, en el cual aparece una de sus frases predilectas, con la que le gustaba alardear: “Desencadené la guerra al corset y, de todas las revoluciones, la mía se hizo en nombre de la libertad. ¡Había que dejar en libertad a los estómagos!”. A lo que agregó “Liberé los senos, pero en cambio encadené las piernas. Las mujeres se quejaban de no poder andar por la calle ni subir a los coches…”. Habrá que estarle agradecidas.
Pero el año pasado su nombre cobró vida, ya que la industria le dio su merecido homenaje. Se realizó una retrospectiva de su obra, llamada “Poiret: Rey de la Moda”, la cual se llevó a cabo en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, entre mayo y agosto. Fue un gran éxito y Poiret recobró un lugar en el universo de la moda.
Añadir a Del.Icio.Us



Comentarios de “Paul Poiret: desterró el incómodo corsé”
Aun no se han realizado comentarios.