En el colegio, después de un par de horitas de clases llegaba aquel fabuloso momento en que ya se podía destapar el tarro de las esencias y apaciguar a la tripa, convertida en una fiera hambrienta y caprichosa. Era la hora del desayuno, del recreo. Guardabas los libros y te dirigías a la zona donde se colgaban las mochilas. La abrías y ahí estaba: ese envoltorio alumínico que escondía el bocadillo. ¡Qué de sorpresas nos deparaba ese momento!
Sobre todo cuando desconocías de qué estaba hecho. Esperabas que fuera de Nocilla y rompías el papel con anhelo, con la lengua fuera y con una ilusión tremenda. A veces tus expectativas se cumplían. Otras en cambio, el castillo de naipes que habías imaginado se desvanecía al encontrar una loncha de jamón achuchada por dos rebanadas más flácidas que turgentes.
Pues bueno, eso se acabó con el nuevo invento de Lekue. De la funda para el móvil hemos pasado a la funda para el bocadillo. Sí sí, como lo oyen. Están hechas de silicona Platino, tienen varias medidas (ajustables, por supuesto), son traslúcidas y se presentan en cuatro colores: verde, azul, amarillo y magenta.
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