Miles de artículos y notas se expanden por los medios de comunicación hablando de la importancia de la belleza hoy en día. Estamos en un mundo que adora lo bello desde siempre. Mientras en la época del Renacimiento atraían las mujeres corpulentas, con muchas curvas y hasta celulitis, hoy lo bello pasa por otro lado. Las mujeres, sobre todo, y los hombres deben ser delgados. No hay nada más complaciente para una dama que le digan ¡qué flaca estás!
Además, a la delgadez se suma la eterna juventud, a la cual las personas se quieren mantener a través de tratamientos de belleza y cirugías estéticas. Pero mientras algunas simplemente se corrigen algo de su cuerpo que les molesta mucho, otras se meten en un círculo vicioso del que les imposible salir. Recurren a liftings, lipoesculturas, botox, peeling, etc. sin saber cuándo decir basta, y, salvo que se crucen con un profesional que advierta el problema, logran convertirse en muñecas de plástico.
Tal es la relevancia que ha adquirido la estética en los últimos años, que en los Estados Unidos, por ejemplo, han surgido varios programas (como “The swan”, “Extreme makeover” o “I want a famous face”, entre otros) que muestran cómo una persona puede mejorar, de la noche a la mañana, con la cirugía estética. En estos espacios los participantes ya no sólo buscan rejuvenecer -de hecho, muchos de ellos son personas que no pasan los 30 años-, sino mejorar su apariencia física (arreglarse la nariz, aumentarse los senos, perder grasa en caderas o vientre, etc.) o parecerse a un famoso.
Esto, por supuesto, generó un interesante debate acerca de su falta de ética, y hasta la Sociedad Estadounidense de Cirugía Plástica y Estética se mostró muy preocupada por la forma liviana en que se trata el tema de las operaciones en estos programas. De igual forma, todo sigue igual o peor.
Lamentablemente existen varias personas, cada vez más, que creen en las fórmulas mágicas y obsesionadas por la perfección se realizan varias cirugías estéticas (los quirófanos se han convertido en su segundo hogar), se someten a distintos tratamientos estéticos o se sumergen a una extrema rutina de ejercicios.
Las adictas a la belleza no se permiten las arrugas, son una mala palabra, por ello recurren al botox, del cual abusan para acabar con toda línea de expresión. Incluso se han hecho populares, en los Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, las “fiestas de Botox”, que se realizan en las propias casas de féminas de todas las edades, en las cuales se reúnen con sus amigas para recibir inyecciones de este producto.
A consecuencia de todo esto ha nacido una industria multimillonaria. Vale destacar que en 2006, sólo en los Estados Unidos, se llevaron a cabo más de 11 millones de procedimientos cosméticos (entre implantes mamarios, aplicación de botox, etc.).
Ese mismo año llegó a las librerías “Beauty Junkies” (que significa adictos a la belleza), escrito por Alex Kuczynski, una periodista que colaboraba desde hacía tiempo en la sección Style del New York Times. Ella misma comenzó a probar con nuevas técnicas estéticas, y recién advirtió de su adicción a los quirófanos cuando un amigo suyo murió.
(Segunda foto: Reuters)
Por tal motivo se puso a investigar acerca de los adictos a la belleza, obteniendo como resultado su libro, en el que cuenta acerca de los más raros procedimientos quirúrgicos, como el achicamiento de los pies o el rejuvenecimiento de vagina.
Obviamente esto esconde un problema mucho más profundo. Porque al estar tan preocupada por el exterior, la persona se deja de aceptar tal cual es buscando una imagen ideal, que no existe. Por eso es vital hacer un trabajo interno, ya que la belleza exterior y la adquisición de bienes materiales sólo producen placeres momentáneos, por ello se recurre a comprar más cosas o hacerse más tratamientos.
Es verdad que los medios de comunicación venden la imagen perfecta, ya sea a través de las publicidades como de las revistas de estilo de vida, del corazón o de moda. En todos los casos las modelos, actrices o cantantes que aparecen son primero maquilladas por expertos y después retocadas en el ordenador con el famoso photoshop. Y todos nos creemos ese cuento, cuando la realidad es otra.


(Segunda foto: Evan Agostini/Getty Images)
Además, muchas famosas han caído en las garras de la obsesión por estar cada vez más bellas y se someten a tratamientos estéticos, desde los más novedosos hasta los clásicos (como operación de labios, aumento de senos, lifting, etc.). Es verdad que ellas viven de su imagen, y a lo mejor les es más difícil decir que no, pero hay casos de algunas que han quedado mal después de operarse, como Nicole Kidman, Meg Ryan o Melanie Griffith.
Eran en realidad mujeres de una belleza exquisita, pero cayeron en manos equivocadas y quedaron un horror. Pero eso es lo que se vende, cada vez con más aceptación por parte de las mujeres comunes que no viven de su imagen, pero sí viven por su imagen. Aunque las que recurren a arreglos corporales son, en su mayoría, las que están entre los 40 y los 50 años, cada vez son más las jóvenes de entre 20 y 30 que quieren mejorar su apariencia.
Hay que saber que lo perfecto no existe, en nada. Por ello es vital aceptarse tal cual una persona es, con sus defectos y sus muchas virtudes, que todos tenemos. Cuidarse, pero de forma sana, sin esperar la aceptación de los demás (la gente siempre va a criticar por criticar), sino sólo por propio placer. ¿Se podrá lograr?
Fuentes de las fotos:


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